Recién
llegados de África mi Patrol y yo, a cual más reventado con más de 8000
km. y 1.200 litros de combustible a una insoportable media de 49.6 km.
por hora.
Hace tres semanas cruzamos Marruecos y el Sahara español en dos días,
conduciendo 14 horas diarias por las peligrosas carreteras africanas que
de noche son una ruleta rusa, en la que después de tantas horas de
conducción, las luces de los camiones que se te cruzan invadiendo parte
de tu calzada te obligan a apartar la mirada del reflejo de sus luces,
pasando a escasos centimetros de nuestros morros.
Cada vez que viajo a África me parece algo normal, solo al volver te das
cuenta de su peligrosidad, pero allí te acostumbras, y al final, parece
convertirse en un juego virtual en el que parece que si chocas lo único
que sucede es que pierdes la partida y hay que echar otro euro para
continuar jugando.
Aún así, allí no es tan peligroso, todos tus alertas adormecidas en España se activan allí y los reflejos se multiplican.
Tras los lentos y primitivos trámites en la penosa frontera Mauritana y
atravesar la zona libre, territorio de nadie, una trialera de 4
kilómetros atiborrada de minas y coches reventados por ellas, iniciamos
nuestra ruta por el país en dirección a Malí, donde


llegamos
a Atar, y después a Chinguetti la séptima ciudad sagrada del Islam.
Después, rumbo a oriente y más tarde al sur para acometer una gran zona
desértica entre un inmenso mar de sol y dunas desde Ouadane hasta
Tidjika.



Las
autoridades nos dan referencias de que todos realizan este trayecto
desde una pista que sale de Atar y llega a Tichit, pero que atravesando
las dunas no es posible. Por donde lo hicimos fue una sonada etapa del
Dakar del 2.000 en la que solo lo consiguieron cruzar con éxito dos
Mitsubishis, teniendo que ser rescatados de la arena todos los demás.
Nosotros, al haber llovido un poco y no tener la prisa de los Dakarianos
por llegar a meta lo tendríamos algo más fácil, aunque

impresionaba
ver lo que teníamos por delante, arena, arena y arena. Una vez dentro
si hay problemas y los coches no quieren avanzar……buff, mejor estar muy
preparado física, psíquica y técnicamente para salir de allí a pié.


Cuando en los numerosos controles militares antres de adentrarnos en el
desierto nos preguntaban que por donde pensábamos atravesar el desierto y
les señalábamos con la mano la dirección insistían en que ello no era
posible, que por allí no pasaba nunca nadie. Ante nuestra insistiencia,
se daban la vuelta con un gesto de..... Illsaláh....Si Dios quiere y de
"iros a paseo chalados".

Tardamos 3 días en sortear el mar de dunas, conducíamos 12 horas diarias
y hacíamos tan solo 100 km. diarios por la gran dificultad de la
navegación en una fina arena que engullía los coches. La complicación de
esas dunas, distintas en color y densidad a las que conocíamos hasta
ahora y por los continuos atrancos, nos obligaba a palear repetidamente
bajo los coches para liberarlos cuando se los tragaba la arena.
Una tormenta de arena estando en medio de ese Erg, o una lluvia, muy
habitual en el desierto en estas épocas, nos habría puesto las cosas
realmente delicadas. Pero ya estábamos allí y no había vuelta atrás, si
la mecánica funcionaba, y la climatología no nos jugaba una mala pasada,
la gran experiencia de navegación en dunas de nuestros guías era una
buena garantía.

Sentía
una gran sensación de claustrofobia. No ver alrededor tuyo más
horizonte que arena en cientos de kilómetros y que la mayoría de los que
allí estábamos, por físico, dependíamos de la mecánica de nuestros
coches para poder escapar de allí, te sobrecogía.
Si los TTs encallan en el desierto por una climatología adversa y se
paran a 200 km. de la pista transitada más cercana, caminar 50 km.
diarios para sortearlo en 4 días y calcular el agua que debería de
cargar fue lo primero que me sobrevino a mi cabeza. ¿Quien aguantaría
durmiendo por el día y caminando 50 km. cada noche con el poco agua que
se podía trasladar?
Allí tampoco se piensa mucho en ello, la cabeza no mide el riesgo con
los mismos baremos que en Europa y como los nómadas, vives el momento,
el futuro son las próximas 2 horas, no se percibe el peligro igual que
en la urbe, pero ya aquí, en España, con la cabeza fría y recobrando la
"mentalidad temerosa y protectora occidental" se vé como una temeridad.
Tan inhóspito y agreste era el lugar que pasamos por una zona militar
secreta del ejército Mauritano fronteriza con Malí y al vernos los
centinelas acercarse nuestros 10 coches por donde nunca antes habían
visto a nadie, hicieron que el mando hiciese salir a toda la guarnición a
interceptarnos antes de acercarnos más a sus instalaciones. Nos
debieron de confundir con los bandidos, que son frecuentes

en
esa zona y que hace poco degollaron a una patrulla Mauritana, por lo
que la alerta debía de ser máxima y en cuanto nos divisaron a bastantes
kilómetros salió toda la guarnición apoyados por dos furgonetas
todo-terreno con ametralladora que pusieron una a cada lado de nuestra
caravana y desplegándose todos los soldados que los ocupaban,
rodeándonos, tirándose cuerpo a tierra y apuntándonos desde las dunas y
dándonos orden de no movernos hasta que llegara el mando de la
guarnición. Allí ni respirábamos. Yo pensé, joder son militares no
terroristas, tranquilidad. Pero los militares Mauritanos...no tiene
mucho que ver con un militar al uso y menos en ese lugar donde estarían
los "castigados".
Cuando llegó el mando y nos preguntó que hacíamos allí el tío flipaba.
"Estamos de Rally 4x4".
¡PERO QUÉ RALLY! decía llevándose las manos a la cabeza sin creerse lo
que estaba viendo. Pero ya cuando le explicábamos por donde habíamos
venido y por donde tratábamos de marchar, -si no nos ametrallaba antes
el tipo-, ya bizqueaba y miraba al cielo frotándose la testa.
¡Si nadie ha pasado por allí, nunca! ¡No se puede, es imposible ir por
allí! ¡AQUÍ TODOS QUIETOS HASTA QUE PIDA INSTRUCCIONES A LA CAPITAL!
Cuando le ví sacar el teléfono vía satélite pensé, si con ese cacharro
piensas hablar con la capital del pais nos quedamos aquí a vivir.

Después de varias gestiones del jefe militar con sus mandos de la
capital por teléfono satélite tras apuntar con su antena a todos los
puntos cardinales
(Al Este, compañero, al Este está el satélite joder, que haces apuntando a las canarias),
y sin tener claro quien pasó más miedo, si ellos de los "bandidos", o
nosotros, de estar encañonados media hora por unos asustados soldados
que cuando nos rodearon y al coger alocadamente los cascos cuando dieron
la alarma no debieron atinar con los suyos y les bailaban en sus
cabezas teniendo que llevar el arma en una mano y con la otra
sujetárselos y que cuando se tiraron cuerpo a tierra, se les caían y
rodaban por las dunas. De coña fué la "marcial" forma de rodearnos
alocadamente. De haber tenido malas intenciones no habríamos dejado uno
vivo.Estaban literalmente cagados....nosotros más.
Una vez revisados todos los pasaportes y darles sus mandos vía libre,
nos dejaron proseguir, insistiendo en que estábamos como sonajeros de
andar por allí.

Estuvimos 8 o 9 días seguidos acampando en el desierto sin pisar
carreteras y sin pillar una ducha, Fernando y yo dormíamos al raso,
siempre nos ha gustado contar estrellas en el desierto, pero 2 noches
por el viento y la humedad tuvimos que montar la tienda.

Eso de las tiendas Decathlón son un infierno; las tiras al aire y se
montan solas en un plis, pero recogerlas es un trabajo de ingeniería, me
siento incapaz de atinar con ese extraño juego de muñecas que tienes
que hacer para que la maldita tienda se pliegue. Es mejor comprar una
para cada día e ir dejándolas allí.
Pasamos muy cerca de Malí y Senegal, apenas 90 km. del primero y 60 de éste, y llegamos a Noakchott, la capital del país.
Marruecos comparado con Mauritania es Nueva York, la pobreza es extrema,
según avanzábamos hacia el sur se asemejaban ya más a los paisajes de
la sabana del África negra y del Sahel, las pieles mucho más oscuras y
la fisonomía de los habitantes más erguida y de considerable altura
comparada con los marroquíes.
Tomamos ya desde la capital dirección norte por la orilla del mar,
kilómetros y kilómetros de playa hasta llegar al Cabo Tafarit donde
compramos peces a los pescadores que allí estaba y después de un
laborioso trabajo de limpieza y descame, los cocinamos en un fuego en la
playa.

Cuando salimos a la carretera, una de las pocas que tiene el país, era
lentísimo el avance debido a los continuos controles militares que nos
paraban, algunos cada 5 km. ¿Qué podíamos hacer ilegal en un tramo de
carretera de apenas una decena de kilómetros para que nos parasen
continuamente? Lo más que pudiera suceder es que nos caducaran los
pasaportes en esos diez minutos, pero en fin, es algo inevitable en
África, hay que sacar los pasaportes continuamente y darles –no se para
qué- tu profesión que les encanta saber lo que eres.
En los arcenes se acumulaban los camellos, los borricos y las vacas
muertas atropellados por los vehículos, los había por docenas y nadie se
ocupaba de recogerlos.

De vuelta hicimos noche en Villa Cisneros, ahora llamada Dakhla, antigua
ciudad española. Allí encontré un sacerdote español, uno de los dos que
quedan en todo el Sahara Occidental, estuvimos en una terraza tomando
una cerveza y charló con nosotros sobre la marcha verde que el vivió de
cerca y como el espabilado del Hassan enviaba Marroquíes a la zona para
sobre poblarla y ganar así un improbable referéndum y hacer suyo todo el
Sahara. El elemento éste mandó contra las tropas españolas a 300.000
civiles de los que 150.000 se quedaron a vivir allí.
Al

día siguiente dormimos en Tan tan, antes

pasamos
por Tarfaya, otra plaza española y en ese momento estábamos a 100 km.
de las Islas canarias, buena cobertura Movistar y emisoras en español
que nos ponían al día del secuestro del Alacrana y de los derrapes del
Atlético de Madrid.



El último día ya muy cansados decidimos hacer 1.400 km. desde Essauira y
ya del tirón cruzando la frontera por Ceuta y cogiendo el Ferry llegar a
casa.

El contraste entre Marruecos y Mauritania es brutal, cuando aquel mira
claramente al norte buscando un acercamiento a Europa lento pero
progresivo, Mauritania mira al sur, así como sus pocos enlaces
asfaltados que apuntan más a Senegal y al Sahel que hacia sus mal
avenidos vecinos del norte.

Un viaje que tenía por hacer pero que no sé si volveré a
repetir…..demasiado rudo para tan poco tiempo. O haces kilómetros de sol
a sol sin descanso y gastas tus fuerzas en avanzar metro a metro por el
desierto o lo dedicas más tranquilamente a enriquecete conociendo a sus
gentes, las dos cosas es imposible en tan solo 20 días.

Ver pasar arena y más arena sin mirar a los ojos unos segundos de
quienes te encuentras, sin un rato para expresarme por señas al
atardecer cuando cansado llegas a algún sitio habitado, o pasar en
nuestros coches sin aprender algo de lo mucho que saben de sobrevivir
quienes allí habitan, no es mi ideal de viaje a África.
Aún así, hay que ir una vez en la vida al menos a sufrirlo y
disfrutarlo. Mucho queda en la retina y en el espíritu cada vez que
cruzo el Estrecho que me hace ver la vida de otra forma durante una
buena temporada……..hasta que se me gaste el “carburante” y vuelva a
bajar a “casa”.
