Habéis movido el mundo y .......... mucho más.
Nos dejais mucho, aunque vosotros os hayais llevado tan poco.
Pero este mal viaje que habeis hecho los cuatro juntos SALVARÁ MUCHAS VIDAS.
-NO TE PREGUNTES SI ERES FELIZ, PREGÚNTATE SI HACES FELICES A QUIENES TE RODEAN.
domingo, 24 de junio de 2018
Cazadores de ciclistas
Soy ciclista y soy usuario del monte, igual que tú.
Sé que tenemos desencuentros y que algunos usuarios del
monte no alcanzan a aceptaros, a vosotros, los cazadores. Creo que en
algunos
casos es por falta de información, muchos cazadores, los buenos, los de
verdad, no os merecéis la
incomprensión gratuita, por llevar un cartucho o una bala
en vuestro arma ya no se preguntan más. En otros casos al contrario, por
exceso de
información, muchos hemos visto como algunos de vuestros compañeros se
cargan
de carajillos a las 8 de la mañana y en dos horas se tiran al monte,
algunos
con pocos escrúpulos y que ya a las nueve de la mañana harían explotar
cualquier alcoholímetro. Como en todo, pagan justos por pecadores y unos
cardan la
lana y otros se llevan la fama.
Con nuestra actividad pasa igual, hay ciclistas a los que
les vale todo, arrasan con todo y con todos, creen que el monte es suyo. Pero
no todos somos así, ni nosotros, ni vosotros, y seguro que no todos sois de tiro y gaznate alegre.
Algo ha debido de pasar entre vosotros y nosotros para que
alguno nos ponga esas trampas asesinas que cualquier día se llevarán una vida
por delante. Algún calentón, algún enfrentamiento con el “por aquí no paseis
que estamos cazando”, “por aquí paso porque el campo no es tuyo”. Alguna
palabra más fuerte por uno y por otro, seguro que algún empujón y un deseo y una promesa “esta me la
pagas”.
Esa trampa que pones a quien con él
chocaste nos la pones a todos. Esa trampa que nos pones, mortal y lo sabes,
puede llevarse más que una vida, puede arruinar una familia.
Sé que esto no te va a hacer cambiar de idea, nos la tienes
jurada y sé lo que piensas, “Si no quieres caer en ella no salgas con tu
puta bicicleta y deja de joderme”. No puedo. No puedo dejar lo que para mí es una
forma de vida, igual que tú no puedes dejar tu actividad. Sé que en este caso
soy la parte débil, soy el que voy de cara, no escondo nada para buscarte la ruina a
ti y a los tuyos, tan solo un día discutí contigo, pasé por donde pensé que
tenía derecho a pasar y tú pensabas lo contrario pero ¿vale la pena tu
desquite? No me jodes un día, me quitas la vida y se la revientas a los míos. Ya,
sé que no te he convencido, pero tenía que escribirte. Igual hasta te alegra
verme jodido.
Cuando seas consciente por la prensa
de que te has llevado una vida por delante igual te das por satisfecho y quitas
tus trampas para que nadie más pierda la suya. Tu venganza ya estará cumplida.
Ese será el primer día del resto de tu vida. ¿La aguantarás
del tirón hasta el último sin lamentarlo?
No conseguirás sacarme del monte, antes tendrás que cortarme el cuello. Con una de tus trampas.
lunes, 18 de junio de 2018
martes, 12 de junio de 2018
Ciclistas y senderistas
Desde luego desde NUESTRO PUNTO DE VISTA, estamos todos de acuerdo. El monte, utilizado con respeto es de todos.
Hasta ahí poco que añadir pero ……desde nuestro punto de vista, el de los ciclistas.
Quizás debiéramos, para entender la situación, ponernos en SU PUNTO DE VISTA, dado que el nuestro lo tenemos todos más que claro. Una bicicleta puede ser un medio -más o menos- “natural” para recorrer el monte en itinerarios lineales, es decir, de traslación, pero desde algunos puntos de vista (hay tantos como colores) no es un medio natural para hacer recorridos repetitivos, es decir, hacernos un circuito en un espacio reducido y dedicarnos a subir y bajar para nuestro divertimento. Es legal, es normal, es divertido, pero no es su uso “natural” y menos con la masificación que se ha producido en nuestra actividad en los últimos años.
Los senderistas, -por muy respetuosos que seamos en nuestro comportamiento-, van al monte a relajarse, igual que nosotros, pero ellos de otra forma. Yo cuando hago senderismo, no me gusta –lo admito porque soy ciclista pero no me gusta- estar pensando si viene alguien detrás y cualquier circunstancia en ese ambiente de relajación te sobresalta por muy despacio que pasemos. Los ciclistas sabemos que vamos a frenar, pasar a su lado y saludarles, pero ellos no lo saben, van con su familia y el instinto de protección les hace estar alerta cuando lo que pretenden escapando al monte es lo contrario, distenderse.
Deberíamos de hacer un ejercicio de empatía, ponernos en su lugar y pensar, en lugar de tirarnos los trastos, que “ellos tienen su razón”. Para ello no ayudan algunas costumbres recientes incorporadas a nuestra actividad, como los remontes en los que en lugar de incordiarles durante una bajada, la repetimos media docena y tampoco ayudan algunas aplicaciones que se han puesto de moda y que nos hacen ir al límite como el Strava.
Bueno, esto es solo una opinión más, no coincidente con la mía en términos generales, soy ciclista, pero sí como ejercicio de autocrítica y de reflexión.
Yo tengo clara la mía que seguro que es la de la mayoría de los ciclistas porque soy parte interesada y además me gusta el enduro que es quizás la actividad que más alarma, pero tenerlo claro nosotros no ayuda a entendernos, y en ese litigio en continuo ascenso que tenemos con los senderistas hay una parte débil que lleva las de perder. Nosotros.
Ahí lo llevamos.
jueves, 7 de junio de 2018
sábado, 2 de junio de 2018
La máquina definitiva

Por fin se le ha ocurrido a alguien.
Después
de malvivir por mal llegado en la era de la estupidez y el desparrame
friki-pijo de tías dándose botox en los morros, los asiduos a los baños
de barro, barro de descampados, las que se untan de todo en las fauces
que parecen un eral, las que se llenan las ubres de plásticos, las que
se los vacían.
Después de malvivir
emocionalmente en la era en la que en el telediario de las 3 nos meten
los colores que se van a llevar en la próxima primavera, el puto
sujetador casposo con cazoleta chorropringue que tenemos que lucir en
nuestra próxima cita, o el tinte de pelo con el que las tías van a caer
derrotadas en cuanto salgamos por el portal.
Inmerso
en el mundo de los perfumes, que el que no los usa no perderá la
virginidad nunca, los futbolistas de cuerpo de eunucos y pelo lila. La
era de la comida estúpida, la oriental, la jalapeña, la de diseño.
Tiempos de colesterol, ácido úrico, gimnasios de gimnasia pasiva, de
niños con déficit de atención, de futurólogos con cara de memo, de poner
pasarelas en el monte o de pincelar las empresas con un tipo que le
llaman de "recursos humanos".
La era de la gilipollez en su máximo
exponente y que a mi madre se le puso en sus narices que en ella me
tenía que depositar a mi cuando se lo dije bien clarito: Mamá no me des a
luz ahora, yo quiero ser hijo de la postguerra, no nieto de ella con
sus punkies, sus góticos, los pijos y los repijos.
Pero al fin alguien ha dado ya con el no va más.
El despertador que no despierta. Me lo han encalomado en el Carrefour, le programas y cuando llega la hora, no hace nada.
¡Biennnn!
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