Mi versión personal del viaje donde 20 amigos hemos viajado al desierto del Sahara.
Estas
primeras líneas que pongo ahora son las que llevadas por todos como
máxima, han hecho de este viaje algo tan entrañable y donde todos juntos
hemos sacado adelante una inolvidable aventura de deporte, de amistad y
de cariño. Ilsahlá.......

......
Vayamos preparados mentalmente también para otros inconvenientes:La
primera premisa es que los problemas que traemos de la península se
quedan en el barco y a la vuelta estarán ahí esperándonos para
recogerlos nuevamente y durante el viaje todos somos responsables de la
armonía entre el grupo. Puede que el viaje no salga como inicialmente
está planeado....averías en los vehículos, alguna gastroenteritis......
lo que nos obligará a improvisar y cambiar planes sobre la marcha. Esto
es normal. Todos los contratiempos aquí no son problemas sino parte del
viaje y con ellos debemos de convivir y llevarlos con positivismo e ir
solventándolos entre todos.Para algunos de vosotros este viaje no se va a
parecer en nada a cualquier otro que hayáis hecho nunca, en la
convivencia en este tipo de viajes los problemas más estúpidos, la
actitud puntual de un compañero o un simple comentario desafortunado, se
agranda por diez.

En
momentos de tensión, por las circunstancias que sean, el que el de al
lado se tome una sardina más que tú, se beba un trago más de agua que
tú, utilice la silla diez nonasegundos más que tú, son motivos
suficientes para matar.No hay agencia por medio a quien reclamar, todo
lo deberemos resolver entre nosotros y esto no es un viaje de hamaca y
sombrilla, hay trabajos que hacer, limpiar, poner mesas, llevar basura,
fregar cacharros, sacar arena de debajo del coche, ir a comprar,
arreglar papeleos, ayudar al que está "bajo", tranquilizar al que esté
pasándolo mal.........es labor de todos y aquí nadie viaja a mesa
puesta.Si salimos todos con la premisa en el coco metida de TODOS EN
POSITIVO PASE LO QUE PASE Y DIGA LO QUE DIGA NUESTRO COMPAÑERO DE AL
LADO, el viaje lo recordareis de una forma grata toda la vida aunque no
nos salga una a derechas.
DIARIO DE VIAJE
Viernes 25Quedamos
buenamente a las 8:00 en Arroyomolinos, en casa de Santiago y Toñi y
tras recorrernos todos los nombres de calles de la urbanización dimos
con la de nuestro interés. Se realizaron los saludos varios y las
presentaciones diversas y tras apañar las bicicletas en la furgo de
Josete nos pusimos en marcha hacia Aranjuez, donde nos juntaríamos con
Julio que le traía Nanotrón de hacer el moñas en las fiestas de su
pueblo.
Venía Alexandros algo alicaído y a pesar de ser el único
día que podría disfrutar de ponerse delante del toro no lo hizo, pues
conoció maja y simpática mujer que le aleló y le llevamos algo místico
todo el viaje, hasta que pudo más en él el espíritu bereber y ya,
musulmán el chico, se adaptó bien y se portó con corrección.

Viajamos
hasta Marbella, donde sobre las 15:00 horas y como preludio de mal
agüero para experimentados especialistas en orientación, nos perdimos
para llegar al chiringo donde Rapier nos había reservado un arroz y eso
que por uno de los lados no había nada porque estaba el mar. ¿Si nos
perdíamos en Marbella que sería de nuestros tocinos en la inmensidad del
desierto que todo es igual pregúntome embelesado? ¡Acabáramos!
Tras
pimplarnos la paella de rigor acometimos los últimos kilómetros hasta
el puerto de Algeciras y embarcamos en la piragua de las 20:00 horas
pues mi carrera y gran sudada para tramitar las tarjetas de embarque no
dio su fruto y perdimos el buque de las 19:00.

Tras
3 horas de travesía donde en popa vimos como los delfines nos
acompañaban y nos hicimos unas fotografías junto a la sucia y rota
bandera Marroquí que ondeaba en el buque, reajustamos nuestros relojes
dos horas para adaptarlos a territorio zulú y pisamos África 20 globeros
ilusionados con descubrir muchos África por primera vez. Hicimos los
trámites aduaneros y nos dirigimos al hotel, negociamos un guardacoches
que nos los plantó encima de la acera como quien no quiere la cosa,
entre la multitud de gente que paseaba por Tánger, dejamos los
cachiperres, cenamos, dimos el parte de deterioros de las habitaciones y
nos fuimos a pasear por la ciudad que en agosto tenía gran movimiento.
El grueso del pelotón se quedó bebiendo en un antro y JC Blazquez y yo
acompañamos a las chicas a la medina que querían callejearla y no era
buen sitio para unas globeras solas.

La
medina, llena de callejuelas era un laberinto y tras adentrarnos por
algunos de sus recovecos decidimos salir, pues la pérdida es fácil y
cuesta mucho encontrar la salida una vez metido en ella.
Dormí
poco y me pasé la mayor parte de la noche en la ventana, donde tenía a
la vista los coches y me entretuve viendo como el guardacoches se
esmeraba en apartar a los curiosos de ellos. Tuvo también que intervenir
en alguna pelea de un cojo que se liaba a muletazos con un macarrilla
bereber y recibir un par de bodas que llegaron al hotel. Una nochecita
toledana entre las pitadas de las numerosas bodas, los colocones del
personal y los trasiegos de putillas e intercambios de costo que había
en los alrededores del hotel.

Escuché
al imán soltar sus plegarias y con un par de cabezadas más me duché y
me fui para los comedores donde los globeros irían apareciendo
enlegañados pero ilusionados ante nuestro primer día en África.
Sábado 26Al
amanecer, obedientemente se levantaron todos los globeros, excepto un
par de lirones que se quedaron enganchados en la sábana y desayunamos
con la idea de salir sobre las 7:30 hacia Casablanca. Llegamos a la
ciudad de Sam y Bogart , Humpfrey para más señas y como habíamos perdido
la visita guiada de la una, convinimos en prepararnos la comilona por
todo el morro en los exteriores de la gran Mezquita tocha ella donde las
haya y comer haciendo tiempo hasta las dos que era la siguiente visita
de la mezquita. Asín que nos sacamos todos los trastos, incluida la bota
vino y nos preparamos un picnic ante las atónitas miradas de los
mozárabes.

Por
la noche llegamos a Marrakech, una caótica ciudad donde se puede decir
que la conducción es la misma de los cochecillos de choque pero
normalmente sin impacto y sin meter ficha, todo el mundo zigzagueando,
buscando huecos y haciendo sonar sus bocinas solo por gusto, no por
protesta, es algo como en España cuando nos sacamos los mocos en los
semáforos, allí tocan el claxon por hacer algo y mantenerse ocupados.
Allí Joteli descubrió su faceta musulmana y su lado oscuro y se esmeró
en sacar de la calzada a todo lo que tuviera ruedas y matrícula magrebí
mientras gritaba ¡Soy uno de los vuestros! ¡Soy musulmán! ¡Esto es la
caña, como mola! Decía mientras pegaba volantazos a diestro y siniestro
sacando marroquíes de la calzada.
En la plaza de Jmaa el Fnaa
(plaza de los difuntos) nos gestionamos un meritorio que nos vigilara
los coches en un lugar prohibido donde antes convencimos a la policía
para que nos dejara una horita y cogimos un guía que nos encontramos por
allí. No era buen guía porque aunque era atento y cortés y se esmeraba
en explicarnos todo, era de tamaño pequeño y se nos perdía entre la
multitud, así que el pequeño guía cogió como referencia a Joteli y éste
andaba, el guía le seguía, y nosotros tras ellos. Una vez visitado el
zoco con su multitud de tiendecillas, tascurrietes y sus farmacias de
esencias como el almizcle y otros ungüentos, nos dio tiempo a ver
algunos de los corros que en esas noches mágicas de Marrakech se forman
como los adivinadores, los niños boxeando, los contadores de cuentos que
no entiendo como todavía hay alguien que les escucha con la brasa que
dan, las tatuadoras de henna y los coloridos y desdentados aguadores.
Soltamos
a nuestro guía, le pagamos los 30 Dh (3 euros) estipulados por
acompañarnos y que supongo se repartiría con joteli, pagamos al que nos
oteó los coches y nos fuimos al hotel a cenar no sin antes dejar a
Joteli disfrutar de la conducción loca y alborotada de Marrakech.

Después
de cenar nos bañamos en la piscina y nos entregamos al alcohol y sus
misterios que ya teníamos ganas, pues convinimos no beber alcohol
durante el día por la peligrosidad de las carreteras en África, que
obligan a estar al cien y no tener descuidos.
Andresvizi acabó
seriamente perjudicado y se fue con algunos que todavía tenían fuerza y
ganas para volver a la plaza y seguir su mágica noche.
Domingo 27Amaneció
globeramente pronto y fuimos al puerto del Tizi Tichka en el corazón
del Atlas, para comenzar nuestra primera ruta en pedalines. Allí se nos
echaron encima los vendedores de pedruscos que te entran pidiéndote una
aspirina y cuando se la das te dicen que en agradecimiento te acerques a
su tienducha que te van a hacer un regalo. El regalo en sí no se trata
de otra cosa que de descargarte de peso los bolsillos y limpiarte de
dirham mayormente vendiéndote piedras como las que hay por el suelo pero
que te evitas el agacharte tú a cogerlas..

Cuando
nos los quitamos de encima y tras encargar a uno de mis amiguetes de
anteriores viajes que nos vigilara los dos coches que teníamos que dejar
por no poder meterlos en pista, emprendimos nuestra primera ruta en
bicicleta. Tras 15 o 20 km. llegamos a una aldea donde nos habían
prometido los vendedores de piedras que había gasoil. Preguntamos por la
gasolinera que era una casucha donde tenían bidones pero el operario
que volcaba los bidones se había ido a rezar, así que nos agenciamos una
goma y sacamos carburante de los coches para llenar el mío que andaba
escaso.

Hicimos
80 km. de ruta de alta montaña, entre desfiladeros y verdes valles que
contrastaban con la dureza de los riscos del Atlas. La dificultad del
terreno hacía que fuésemos más rápidos con las bicicletas que con los
todoterrenos y algún coche se quedaba muy rezagado por lo que hacíamos
paradas de agrupamiento de vez en cuando. Uno de los coches pinchó y se
quedaron las chicas solas e incomunicadas hasta que un francés que
andaba merodeando por allí se ofreció a hacerlas el cambio de rueda y
pudieron salir.
Se nos metió la noche y tuvimos que hacer 20 km
en la oscuridad. Pasábamos pequeñas aldeas en las que solo veíamos a
nuestro paso el brillo de los ojillos de las gentes que descansaban en
las entradas de sus casas o tirados por algún lugar. Ya sin posibilidad
de que nos dieran de cenar en el hotel, nos quedamos en una siniestra
gasolinera donde mientras algunos fueron a por las furgonetas que
habíamos dejado al cuidado de los vendedores de minerales, los demás
montamos el chiringo encima de los depósitos de combustible y donde nos
encendimos nuestros camping gas y Chelo la valenciana se encendió un
pitillito como quien no quiere la cosa, hasta que el gasolinero con los
pelos como púas y al borde del colapso propiamente dicho vino corriendo a
hacernos apagar todo por peligro de explosión inminente y que nosotros
ni él deseábamos.

Llegamos
tarde a Ouarzazate y para no andar de tolays dando vueltas por la
ciudad cogimos un pequeño taxi que nos guió hasta el hotel donde tras
dejar los equipajes nos dimos un baño en la piscina y nos tomamos unos
lingotazos de orujo y comentamos el día.
Lunes 28Me
levanté pronto, a las 6 y me fui a dar una vuelta por la ciudad y
despertar a algún meritorio que nos reparara la rueda del vehículo de
Santiago que tenía severa raja. Enseguida localicé un pequeño taller y
como suponía, dentro estaba el mecánico durmiendo la mona, le desperecé y
le dije que se quitara las legañas que en una hora le llevaba el coche.
Me fui a dar una vuelta por la ciudad donde tras el mercadillo del día
anterior, se encontraba muy sucia y con todos los mercaderes tirados por
el suelo durmiendo pues o no tienen casa o prefieren no desmontar el
tinglado y se quedan entre la mierda que ellos mismos esparraman
durmiendo unas horas.

Era
una ciudad fantasma donde la suciedad y la gente tirada por la calle
durmiendo hacía pensar que había pasado por allí el ejército americano y
los había barrido a todos.
Sobre las 8 desayunamos y fuimos a
reparar la rueda con un apaño marroquí que no nos ofrecía muchas
garantías, pero nos valdría como rueda de repuesto.
Teníamos 120
kilómetros de carretera hasta el inicio de nuestra segunda ruta.
Llegamos al puente que debíamos de cruzar para iniciar la ruta a Zagora
por el fértil valle del Draa que riega los palmerales y huertos del
personal. Dejamos la furgoneta y la Kangoo en la cuneta bajo la
vigilancia de dos chiquillos a los que prometimos cuando regresáramos a
por ella por la noche unos dirham. Allí se quedan sus diez horitas
mirando el horizonte hasta que volvamos pero para ellos es una misión
importante pues nada tienen que hacer y luego pueden llevar unos dirham a
sus familias.

Hacía
mucho calor, dudábamos de llevar el rumbo correcto pues la ruta se
separaba bastante de la ribera del Draa. Una vez resueltas nuestras
dudas, cuitas y titubeos seguimos camino y nos encontramos con un
regordete que nos informó que nos quedaban 22 Km. de ruta a Zagora.
Pocos me parecían pero en fin. Avanzamos unos kilómetros más y cuando
calculamos que nos quedaban 6 o 7 km. según las informaciones del
gordinflón, paramos a comer a la sombra de unos cultivos que por su
altura nos daban protección junto al camino. Desplegamos toda la
artillería y nos dimos un buen festín.

Seguimos
haciendo Km. y cuando ya llevábamos holgadamente más de los 8
calculados preguntamos a otro y nos volvió a decir que nos quedaban 22
Km. ¿solo saben ese número? Nos vinimos un poco abajo y hubo que
levantar ánimos pues ya estábamos cansados y pesados por la comida y no
contábamos con ese extra que nos había endilgado el segundo al que
preguntamos. Preferimos ya no preguntar a nadie más para poder acabar la
ruta, no fuera que nos siguieran quedando 22 Km.
El agua estaba
intomable a más de 50 grados pero no teníamos otra y a todo te
acostumbras. Los vehículos nos iban dando apoyo extendiéndose entre el
pelotón y asistiéndonos con bebida y ánimos.

Volvimos
a pasar por encima del Draa y aprovechamos alguno a darnos un baño en
él tras ver como Ender tiraba su bicicleta y como siguiendo una llamada
del más allá puso la mente en blanco y caminó hacia las aguas, que no
sobre ellas y quedó en remojo cual garbanzo. Algunos le seguimos y al
final nosotros éramos lo que estábamos en el agua y los moretes los que
nos miraban ensimismados.
Después salimos a la carretera y nos
hicimos los 10 últimos kilómetros de una forma un tanto desordenada y
cada uno por su lado, unos en solitario, otros haciendo relevos y otros
como les venía en gana y siempre protegidos por los todoterreno que las
chavalas llevaban satisfactoria, insuperable y excelentemente, dándonos
protección de los coches que nos rebasaban.

Tres
Km. antes de Zagora paramos a agruparnos y a esperar a que fuesen
algunos a recoger las furgonetas que habíamos dejado atrás. En la espera
me empezaron a llegar conocidos de Zagora que me saludaron. Me vio uno y
fue dando aviso a los demás amigos y fueron apareciendo al rato Mohamed
el Mecánico, Mohamed el de la tiendecilla de forflullos, osflillos y
otras bagatelas y donde siempre hacemos compras por eso de que nos timen
un poco y más tarde vinieron en su motillo a saludarme Omar y Youssef y
otro amiguete que andaba con su quad para arriba y para abajo sin rumbo
definido.
Cuando llegaron la furgoneta y la Kangoo nos fuimos al
hotel, le dejamos las llaves a Mohamed para que nos pusiera a punto
nuestros coches durante la noche y tras un baño en la piscina y una
suculenta cenorra nos fuimos a dar un paseo por Zagora, donde nos
acompañaron mis amigos y nos dieron charla.
Martes 29Madrugué
mucho, como siempre, y me fui a pasear por la ciudad, me sorprendía al
principio, pues pensé que habían quitado el famoso cartel de “Tomboctou
52 días en camello,” lo habían cambiado de sitio pero finalmente pude
dar con él. Ya de vuelta vine charlando con un chaval que parecía algo
aburrido y se entretuvo dándome palique un par de kilómetros. Poco tenía
que hacer y le entretuve un rato.

Llegué
al hotel y según iban saliendo globeros del sobre desayunamos, después
salí a buscar a los amigos, que les invité a desayunar en el hotel
aunque luego el dueño no nos cobró. Vino también Abduláh, charlamos, nos
intercambiamos algunos regalos y me dieron las 15 bicicletas de alambre
que les había encargado en España que me hicieran y que además de
ayudarles económicamente siempre me vienen bien para regalar a los
globeros peninsulares que por algún motivo algo les tengo que agradecer o
simplemente felicitar. Bicicletas muy queridas para mi y que siempre
tengo que bregar con ellos porque no me las quieren cobrar.

Una
vez agrupados todos teníamos una ocupada y apretada mañana y teníamos
que despabilar que luego quedaban 300 km. a Merzouga y meternos en las
dunas con luz del día. Lo primero fue ir a hacernos la foto en el famoso
cartel de Tomboctou y de allí a la tienda, donde nos tratarían de
timar. No compramos mucho, pues no atendían mucho a razones de regate
los mercaderes, así que les mandamos a tomar viento fresco y no fuimos a
casa de Omar, Youssef y Abdulah a saludar a sus familiares y tomar un
té, que como siempre tuve el honor de preparar tras las precisas
instrucciones de Omar. El pequeño Jamsa como siempre a mi lado, sin
separarse y manteniendo ese estrecho contacto físico entre los dos que
luego yo tanto tardo en olvidar y seguro estoy que él también.
Seguimos
intercambiándonos regalos, charlamos sentados en los kilims de sus
chabolas, unas habitaciones vacías excepto un pequeño televisor y
después me acerqué a la casa de Youssef a saludar a su madre, su abuela y
sus tías. Me regaló una alfombra, un tajine y algunos osnoflastos más,
vi algunas lágrimas de emoción y nos despedimos. Siempre me cuesta mucho
irme de Zagora pero siempre hay algo que aunque lejos, siempre me
mantiene unido a estas personas y cuando vuelva allí estarán olisqueando
mi llegada y entre por el lado de la ciudad que entre, unos kilómetros
antes de llegar ya me habrán localizado y me estarán esperando.

Fuimos
al taller de Mohamed a abonarle las reparaciones pues nos había dejado
los coches aparcados en el hotel pero teníamos la Dolorosa sin IVA
todavía pendiente con él. Nos enseñó su nuevo tallercito que tenía
bastantes menos kilos de mierda que el anterior aunque ello le hacía
perder algo de atractivo. Nos despedimos de todos y seguimos marcha
hacia Merzouga.
Comimos en un bar de carretera donde como es
habitual negociamos con ellos que nosotros sacamos la comida y ellos
ponen una Coca cola. ¡No, es broma! Siempre nos permiten comer de lo
nuestros y ellos se contentan con poner la bebida y luego el té.
Intentad eso en el Burguer King de España o cualquier bar y os sacan a
escobazos.

Empezaron
a caer unas gotas que presagiaban tormenta así que abreviamos. Más
adelante la tormenta había caído ya y se habían desbordado algunos ríos
sobre la carretera y que algún globero preocupado se acercó a
preguntarme que iba a ser de nosotros y si podríamos seguir o lo mejor
era no aventurarse y volver hacia atrás. Pudimos pasar tras probar
primero con los todoterrenos que la carretera no estaba rota bajo el
agua y al llegar a Rissani estaba esperándonos Alí el Cojo apoyado en
sus muletas y preocupado ya de nuestra tardanza. Nos fuimos a su
albergue a dejar el equipaje en un par de habitaciones que nos prestó y
salimos hacia las dunas en noche cerrada ya. Antes de entrar en ellas
quitamos presión a nuestros neumáticos. ¡Quitar 90 segundos a cada
rueda! Nos dijo y todos obedientemente nos repartimos las ruedas y
comenzamos a desinflar.

Tuvimos
algunos atrancos que Alí se encargó de extraña manera de solventar y se
le veía en la noche correr con sus muletillas por entre las dunas de
una lado a otro dando instrucciones a todos para seguir adelante. Gas,
gas, gas, gas, derrecha, ahorra izquierda, ¡¡¡izquierda,
izquierda¿porrrrqué vas a la derrrecha?, no hacéis ni puto caso los
esssspañolessss joderrrrr!!! Gassss gassss gassss, las joddddido tía!!!!
le dijo a Chelo ciando en la noche panzó su automóvil por ir escasa de
potencia.
Al final acabó extenuado y vomitando.
Llegamos a
las haimas, ocultas entre las dunas y nos dieron de cenar mientras
apartábamos escarabajos y polillas gigantes que nos acosaban por la luz
de los lumogas. Después nos apartamos un poco hacia el pié de la gran
duna para seguir la charla sin molestar a los que ya estaban durmiendo y
ya nos quedamos allí a dormir al raso y entregados a nuestro orujo.
Cacique, Josete, y Añexandros subieron por la noche a la cima de la gran duna y pernoctaron ellos arriba.
Miércoles 30Amaneció
a las 6 pero ya antes andábamos deambulando y nos pusimos a trepar a la
gran duna donde tras 20 minutos –aunque los lugareños dicen que se
tarda una hora- vimos amanecer, luego nos tiramos dunas abajo y nos
fuimos a desayunar para coger fuerza, que nos tocaba navegar por las
dunas y desatrancar y bregar con nuestros coches.

No
tardamos mucho en empanzar los primeros coches y Alí cogió el de
Santiago que al no disponer de reductora se las veía y se las deseaba
para avanzar. Este coche lo manejaba bastante mejor que los manuales,
que para ponerlos en marcha y como le faltaba una pata, los aceleraba
con la mano.
Los moretes iban subidos en los laterales de los
vehículos y en uno de los saltos en la dunas uno se nos escapó en una
curva y salió rodando lesionándose una mano.
Tardamos bastante en
llegar al albergue y tuvimos que sacar arena de los bajos de los coches
para poder desatrancarlos. Buenas fotos hay con todos los globeros
repartidos perimetralmente alrededor del coche sacando arena o
empujando.
Ya en el albergue nos dimos un baño en la piscina de
aguas putrefactas y nos pusimos en marcha con nuestras bicicletas para
iniciar nuestra travesía por el desierto.

Llegamos
a un lago que las grandes tormentas de junio todavía mantenían con
agua, después llegamos al poblado de los negros, negros zainos, no digo
más. dejamos las bicis allí tiradas en la aldea pues no hay problema de
que nadie nos las tocara aunque estaba lleno de chavales y entramos en
una casa donde nos invitaron a te y nos dieron unos bailes típicos de no
se donde.
Seguimos camino y nos dispersamos bastante, pues hubo
un atranco de un coche rezagado y tuvimos que echar cerca de una hora en
preparar el desatasco. Al final nos agrupamos en una vieja
concentración de casas que parecía una antigua explotación de minas y
junto a un pozo comimos y nos refrescamos.
Nos apremió Alí, pues
quedaba mucha ruta y se nos echaba encima una tormenta de arena. Al
final nos alcanzó y metidos en ella tuvimos que pedalear en condiciones
muy duras durante bastantes kilómetros. Tratábamos de llegar a un
campamento nómada, lo que conseguimos después de unas horas. Los nómadas
nos ofrecían de sus dos covachas una de ellas, pues en la otra acababa
de parir una mujer. Convinimos que podíamos dejar allí las bicicletas y
los víveres allí, para hacer hueco en los coches para podernos trasladar
los 21 en los cuatro coches y en hora y media podíamos llegar al
albergue y dormir a salvo de vendavales y simunes. Ya al día siguiente
volveríamos y descansados y con la panza llena retomaríamos la ruta.

Llegamos al albergue entre la tormenta y ya cuando calmó nos dimos un baño y quedó una buena noche para cenar fuera.
Nos fuimos a acostar, yo dormí en la piscina y algunos más hicieron lo mismo pues las habitaciones concentraban mucho calor.
Jueves 31Desayunamos,
nos dimos un baño y excepto Bijoux, Cacique y Chelo Ché que se quedaron
en el albergue descansando, desandamos el camino del día anterior para
retomar la ruta. Agradecimos a los nómadas su hospitalidad, algunos
fueron a visitar al bebé y seguimos ruta hasta otro poblado donde nos
guarecimos del sol en una vieja construcción de adobe donde nos
invitaron a te y nos dieron un lugar donde comer.

Seguimos
ruta, estábamos todos un poco separados y los coches iban y venía para
darnos apoyo y bebidas isotónicas, así como pasarnos algo de agua que
puesta en las rejillas de los aireadores del aire acondicionado estaba
algo más frescas que las de los camel que andarían por encima de los 50
grados, temperatura ambiente. A mi se me hizo soporífera la ruta,
siempre desierto abierto y a ritmo lineal ya no sabía que hacer para
mantenerme despierto sobre la bici. Jugué un rato a ir durante un minuto
con los ojos cerrados y en uno de los intentos me dirigía hacia la
única piedra que había en el desierto y tuve que ser advertido para no
endilgármela. Inevitablemente me dormí encima de la bici y pegué un par
de cabezadas por lo que aburrido decidí subirme a uno de los coches y
dormir más cómodamente. A media tarde llegamos al albergue, donde nos
bañamos y descansamos.

Curiosa
negociación nos contó Alexandros en la que un muchacho que siempre
estaba apoyado en la misma pared del albergue vendiendo cuatro fósiles,
Alexandros le ofreció un GPS a cambio de un pedrusco.

¿Y para que sirve eso? Preguntó.
Pues es una máquina que siempre que vas a algún lado te indica donde estás.
¡Ah! No me sirve para nada, yo siempre o estoy en mi casa o estoy aquí, así que prefiero dirham.
Después
de la cena nos tomamos unos orujos charlando con la gente que había por
allí y nos acostamos. Comenzó a llover, unos gordos goterones, pero de
todas formas preferimos dormir en unos colchones que nos habían
preparado en la cubierta del albergue y donde puedes ver las estrellas
hasta que se te plieguen los ojos.
Viernes 1Me
esperaba Mohamed en Rissani para ir a los comercios y así poder hacer
todos las compras y compromisos que teníamos que regalar. Nos lo
encontramos a la entrada de la ciudad y fuimos a la tienda en una
polvorienta y andrajosa callejuela donde no se te ocurre meterte tú
solo. Nos dieron una charla sobre las diferentes tribus que habitaban el
país y de las alfombras que cada tribu confeccionaba dependiendo de sus
necesidades y de sus posibilidades de hacerlas si eran nómadas o no.
Nos
entregamos a la pasión del regateo y luego nos invitaron a comer en la
misma tienda unas pizzas marroquíes. Salimos hacia Erfoud donde nos
acompañó Mohamed al taller de los fósiles y donde me encalomaron un
pedrusco de 30 kilos lleno de caracoles difuntos y mayormente viejos por
demás.
Nos despedimos, le prometí que la próxima vez iría a su
albergue y seguimos camino hacia el Pelos, el hotelucho de 3 cucarachas y
media que regenta un tipo con chilaba y fez rojo que no se lo ha
quitado desde que nació.

Apartamos
los matojos de pelos de las camas, matamos algunas cucarachas, las más
lentas, y nos fuimos a cenar después de discutir con el único marroquí
que nos dio la brasa y que por cierto, llevaba 9 años viviendo en España
y algo tuvo que ver ello en nuestra discusión.

Nos
pusieron pan con cucarachas que se nos esparramaron por la mesa
corriendo despavoridas por el mantel en todas direcciones y que a algún
melindroso le quitó el apetito, así que algunos decidieron hacer dieta.
Yo me lo comí todo, que para algo estaba en el plato ¡pardiez!
Yo no tenía ganas de dormir bajo techo así que apalanqué mi catre a salvo de cucarachas y sapos y dormí en la piscina.
Sábado 2A
la mañana siguiente no sentamos a la mesa sin encontrarnos una
cucaracha, sacamos las moscas de la mermelada y nos tomamos un buen
desayuno.
Cambiamos las horas de nuestros relojes para ir
habituándonos al horario español y sobre las 11 hora española salimos
hacia Melilla, antes gestionamos un trueque de bebida que ya habíamos
hecho anteriormente. Dado que nos sobraba mucha agua, íbamos cambiando
por los lugares 12 botellas de agua fresca por 18 de agua caliente que
llevábamos en nuestros coches. Ellos se llevaban 6 botellas de comisión y
nosotros agua fresca al gaznate.
En otra negociación alguien perdió su gorra para rematar el trueque y creo que era de marca la chapela.
Llegamos
a la frontera a las 6 de la tarde. Antes paramos en un par de sitios,
primero a tomarnos un te a la menta y después en el tugurio de siempre a
comer una carne picada, unos pinchos morunos y unas ensaladas,
acompañados de coca colas y de te y café y donde salimos por 90 euros
los 20, con seis kilos de carne que pedimos.

En
la frontera se enrollaron bien y en algo menos de una hora pisamos
España. Fuimos al puerto, donde los picoletos se enrollaron bien y nos
dejaron aparcar los coches junto a ellos para vigilarlos.
El
buque que nos debía llevar a la península se averió viniendo hacia
Melilla, por lo que debía zarpar otro desde Almería y eso suponía un
retraso de dos horas, así que nos fuimos a pasear por la ciudad y a que
Ismael, el timador de Melilla, diera buena cuenta de nuestros dirham en
su asqueroso bazar.

A
mi me vendió una radio que no me sirve para nada y a Cacique y Josete
unos caretos que luego no sabrán para que los han comprado ni donde
ponerlos, pero Ismael es así, un melillense que te vende arena en el
desierto y que nada podemos hacer por escapar a sus timos.
Conmigo
estaba obcecado en endilgarme todas las cosas que llevaba algún lustro
largo sin vender a nadie y que solo le faltaba poner el precio en duros
pues ya lo tenía en euros y en pesetas. Ya con los bolsillos pelados y
después de hacer el teatro conmigo de que le había arruinado y sacarme a
empujones de su antro, se despidió de mi a voces, gritando que si
quería las llaves de su local que era lo único que le quedaba ya por
perder. ¡Que sinvergüenza tan simpático, el Melillense más timador y
jeta de Europa y África!

Nos
tomamos unas cervezas en una terraza y nos fuimos a hacer el moñas a
las fiestas, donde jugamos a los dardos, a mi me tocó un jumulu y
montamos en los coches de choque. Luego nos tiramos en medio de la plaza
a comernos los bocatas y nos fuimos al barco a pasar el control de
droga y embarcar.
A la una y media zarpamos y después de estar en
la popa un rato de pachanga nos fuimos cada uno a nuestro camarote
aunque algunos alargaron la farra hasta altas horas de la madrugada.
Domingo 3Atracamos
a las 8:15 y nos estaba esperando Miriam para ver a su pollo nos fuimos
al centro de la ciudad donde en una callejuela desayunamos y le
dedicamos una canción a Ender y Miriam los enamorados del foro, con un
meritorio que andaba por allí aporreando un acordeón.

Para
las 10:30 nos pusimos en marcha y cada uno a su bola nos agrupamos en
Aranjuez donde comimos junto con Buzzi que vino a recibirnos.
A
las cinco nos despedimos y cada mochuelo a su olivo. Espero que más
pronto que tarde esto se vuelva a repetir porque es único y especial.
Ilsaláh.
Quedamos todos muy agradecidos a Buzzi por su inmejorable gestión y seguimiento durante todo el viaje para que todo fuese bien.
A Rapier y Miriam que nos recibieron en Marbella y nos llevaron a comer a un estupendo chiringo de playa.
A Optician por las gafas que nos entregó para repartir en Marruecos.
A Tortugo por darnos cobertura con el botiquín.
A Iogrea que me ayudó a pasar las coordenadas.
A Ddream que nos prestó su tienda tocha.
A Cranck que nos facilitó protecciones para portar las bicis.
Y
a todos los que nos habéis seguido de cerca y a los que no habéis
podido acompañarnos y que espero que en el próximo viaje lo podáis
hacer.

He
conocido auténticos tesoros de personas, algunos me han impactado y
esta vez no me refiero a los marroquíes que siempre lo hacen, sino a
joyas que espero no dejar de ver nunca y disfrutar a menudo de ellas,
todo lo que pueda, por su gran calidad humana y que me han dejado
realmente tocado.
Me quedo con una frase de un compañero de viaje:
¿Porqué los moros son tan hijos de puta en España y tan de puta madre en Marruecos?
................Quizás para algunos y sin ninguna duda para mi, algo tenemos que ver nosotros.

Mi
cariño y respeto para todas las entrañables gentes marroquíes que tanto
y tanto me dan y tan poco me piden, tan solo.....................un
poquito de compañía y unas gotas de cariño. Poco es. Laila saida sadiq.
CRÓNICAS VARIAS:DE CHELOSupongo
que cada uno de los 20 globeros que embarcamos en Algeciras, habrá
tenido su propia visión del viaje, sus momentos, habrán flipado y se
habrán divertido con diferentes cosas, muchas de ellas compartidas con
el resto de compañeros y otros en solitario.
Ahí van algunos de mis cientos de momentos de subidón
Al
bajar el Atlas, ya de noche cerradísima, pues no había ni una sola luz,
yo seguía con el coche a un grupo de globeros que bajaban a toda
velocidad por esos caminos de piedras, les iba intentando alumbrar con
el coche (perdona Julio), después de todo el día en bici, alguno
empezaba a petar en alguna cuesta arriba, entonces vi a Ender empujar a
un compañero en las subidas, vosotros estaréis acostumbrados a ver eso
pero yo no, (gracias Ender por ponerme el bello de punta) .
En la
parada técnica que aprovechamos a dar gafas a unos niños que venían a
mirar, luego salió el padre para darnos las gracias y decirnos muy
orgulloso que todos eran hijos suyos, nos despedimos y cuando ya nos
íbamos vimos que la mas pequeña venía corriendo descalza por las piedras
a toda velocidad para ofrecernos unas rajas de melón ,¡¡¡¡ que Ala te
lo pague ¡!!! Lo bien que nos supo el regalito a 50º que estábamos.
Corriendo
por las dunas de noche ¡¡¡¡¡gasgasgas.... se me atranca el coche, se
sube Alí el cojo y tras otra intentona de subir la puñetera duna, me
dice: ¡¡¡Las jodido tía!!!!Lleva los pedales que yo llevo el vo-lante y
mas ¡¡¡gasgasgas.... ni por esas, entonces ocurre lo realmente
surrealista, se sienta en el asiento del conductor y sale petado por
todas las dunas, yo me preguntaba como coño aceleraba con una pierna
solo ¿Y el embrague? Si no fuera por el ataque de risa que me dio creo
que podría haber resuelto el enigma.
La mortal subida a las 6 de
la mañana a la gran duna, dabas un paso para delante y la arena te
echaba medio paso para atrás, pero la recompensa es espectacular, llegar
a la cresta, colgar las piernas para abajo y ver amanecer con tus
amigos (gracias Anabel por el agua creía que me secaba).
En casa
de Omar, el largo abrazo con su madre, intercambio de regalos, nosotras a
ellas, ellas a nosotros y nosotras a ellas y ellas a nosotras y cuando
ya no teníamos nada mas La sensación de que por mucho que tu des siempre
recibes mucho mas .
En casa de Jousef, cuando fuimos Ignacio y yo
para agradecer a la madre la alfombra que nos había regalado, tras
miles de besos de toda la familia, se levantó la abuela y trajo un
pañuelo de colores, como no sabía como se ponía me arrodillé delante
suyo, ella me colocó el pañuelo berber y yo le moje el suelo con mis
lagrimones.
Luego hay miles de momentos super cachondos, las risas
con Bijoux (eres la caña) Los tres que no conocía Josete, Luci y
Juancar, prometedme que no vais a cambiar nunca, sois unos compañeros de
puta madre.
Ender gracias por tu compañerismo y tu nobleza (Miriam eres una tía con suerte)
Luis gracias por la ilusión que has puesto en el viaje
Julio, aguantar tus bromas a sido todo un placer, pero ¡ ya te pillare ya.
Joteli me encanta tu forma de ver las cosas, con la ilusión de un niño pequeño, espero que te dure mucho.
Santi
, el Ali Baba con mejor rollo del universo.Alex y Andres y también a
Julio gracias por acompañarme en las farras hasta el final,Y a Andres
por compartir colocón en Marraques.
Cacique gracias por tu sentido
del humor, y por la noche en Marraques ¿paso algo?Solo recuerdo que
tuve que pagar 5 euros a la mañana siguiente.
Nacho y Guille a vosotros ya os conocía, compañeros inmejorables,
Nacho tu si que sabes como echarle narices, gracias por arreglarme la cámara.
Y
ya solo me quedan las globeras, sois las mejores compañeras con las que
se puede viajar muchísimas gracias por el cariño, el buen rollo, y el
compañerismo que habéis tenido, sois las mejores, un besazo. Me ha
encantado compartir duna con todos vosotros, espero repetir pronto, esta
vez con los que no pudieron venir y con los que no pudimos convencer
(vamos Dani)
Y el super beso para Ignacio, contigo me iría donde hiciese falta.
DE JULIO
Uno
echa la vista atrás ahora ya que han pasado unos días desde nuestra
vuelta del continente africano y sólo puede darse cuenta de la cantidad
de momentos agradables que ha vivido y compartido con gente que ya
siempre tendrán un hueco en ese pequeño apartado del corazón donde
reside la amistad.
No puedo evitar reconocer que esta experiencia
me ha vuelto un poco cursi (mea culpa). Pero es verdad que
independientemente de los miles de kms recorridos en nuestros coches por
las "entretenidas" carreteras marroquís, de los cientos de calurosos
kms sobre nuestras bicicletas, de esas mezquitas y khasbas visitadas
desde la lejanía, de esos cientos de miradas y carreras al encuentro de
un convoy de extraños ciclistas, de esos sorprendentes paisajes
africanos a veces desérticos, otras montañosos, incluso en otras
ocasiones insultantemente verdes... pese a todo esto, la calidad humana
de la gente que hemos ido y de la gente que allí nos hemos encontrado,
ridiculiza y minimiza todos aquellos placeres estéticos que uno observa a
simple vista en las fotos que mis amigos os están mostrando.
No
se puede explicar la primera emoción sentida al cruzar el estrecho y
pisar por vez primera un continente tan cercano físicamente y tan lejano
en todo lo demás. Esos primeros trámites aduaneros que ya nos
introducían en una cultura diferente donde todo se compra o se vende con
regateos de por medio.
Es complicado expresar con palabras que
se siente cuando uno está charlando con un compañero de expedición (que 4
días antes apenas conocía) a las 3 de la mañana tumbados en una
colchoneta contando estrellas fugaces desde lo alto de la Gran Duna en
Erg Chebbi. No se puede reflejar en una fotografía la magia de pasar una
noche en la gran plaza Jemaa-el-Fna de Marrakech, los olores, sabores y
colores de su zoco hay que sentirlos. No se puede transmitir la emoción
de esos conductores y acompañantes al cruzar en 4x4 una pequeña riada o
superar los obstáculos de las dunas en plena noche cerca de Merzouga.
No es fácil describir como se siente uno ruteando en bici rodeado de
amigos por interminables pistas desérticas a más de 50º C, bebiendo
litros de agua a temperaturas inhumanas y siempre apoyados, alhentados y
asistidos por los coches guiados por compañeros que ese día no
ruteaban. O la atención que uno ha de poner sobre su montura cuando
dadas las circunstancias le toca hacer una nocturna sin luces ni luna
por territorios desconocidos.
Es más fácil de explicar el gozo de
tirarse a una fria piscina tras esas numerosas horas de rutas y calor
(nunca me había tomado una cerveza más deseada que esa Heineken en la
piscina de Zagora). Y lo que no se ve en las fotos es lo fácil que es
hacer feliz al que no tiene nada. Lo fácil que es conseguir la sonrisa
de un niño con apenas chocar su mano cuando pasabas en bici, con apenas
devolverle un sincero y cariñoso saludo desde lejos, con darle un simple
caramelo (bombón) o un bolígrafo (styló).
Es muy fácil hacer
feliz al que no tiene nada y es muy difícil complacer al que se cree que
lo tiene todo. Recomiendo a todos los que leeís este post que viajeís, a
Marruecos o a cualquier otro sitio. Pero que de vez en cuando veaís
nuestra vida, nuestra cultura y nuestros hábitos desde otro punto de
vista diferente. A lo mejor aprendeís algo. Yo lo he hecho...Saludos de
un bereber de corazón
DE JUAN CARLOS Y LUCIADespues de leer el relato de julio, a mi no me quedan palabras para decir nada y a Lucia creo que la han saltado las lagrimas.
Por
mucho que una persona te cuente, nunca llegara a ser a la realidad de
lo que hemos vivido...Todavía esta semana sigo pensando en el viaje y es
más sueño por las noches con el, segun Luci hablo en voz alta por las
noches diciendo cosas como "Toñi donde esta el repelente"Por lo que a ti
respecta Chelo, creo que acabas de empezar una amistad enorme con
nosotros, no dudes en que vamos a cambiar, somos así......Ahora me toca a
mí (Lucía), dejar ya de poner estas frases no puedo parar de llorar...
(soy muy llorona).Como os ha dicho Juancar soñamos por las noches con él
viaje: "el otro día me desperte llorando, porque soñe que se había
caído el coche por un río...."La verdad es que lo que hemos vivido no se
puede contar es un aventura de pies a cabeza, por eso, repetiremos la
proxima vez, y la siguiente y la siguiente.